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Mindfoodness (o cómo como y cómo me siento)

Por Ingrid

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Mindfoodness es una palabra inventada, fruto de la unión de Mindfulness y food.

Mindfulness significa atención plena.

Ser consciente del aquí y del ahora.

Traer de nuevo la mente al presente, aunque tenga tendencia a escaparse y comenzar a dar vueltas sobre lo que hiciste o dejaste de hacer, o a entrar en bucle valorando todas las variables que pueden suceder si tomas una decisión u otra.

Mindfulness nos recuerda que el presente es lo que realmente importa.

Respirar despacio y profundo, y ser conscientes de cómo el aire entra y sale de nuestro cuerpo, es una de las mejores maneras de volver al momento presente.

Vivimos en modo piloto automático y no disfrutamos de lo que nos pasa.

El domingo estamos agobiadas porque al día siguiente es lunes y en la oficina se nos va el santo al cielo pensando en las vacaciones.

Esta forma de vivir, dando vueltas a lo que sucedió en el pasado o poniendo nuestro punto de mira en lo que va a suceder, nos impide disfrutar de lo que realmente ocurre en este momento.

No somos conscientes de los avisos que nos da a veces nuestro cuerpo.

No nos cuidamos y precisamente nuestro cuerpo es el único que nos va a acompañar toda la vida.

Es el envoltorio que necesitamos para vivir.

Mindfoodness no es seguir la dieta de moda, es ser conscientes de que lo que ingerimos repercute en nuestro físico y en nuestro estado de ánimo, además de ser una actividad placentera en sí misma.

 

Descubriendo el Mindfoodness: el placer de comer disfrutando del momento.

Si comer es un placer, ¿por qué muchas veces nos lo negamos? ¿Por qué no tratamos de disfrutarlo?

La primera sugerencia que te hago es volver a observar la comida con ojos de niño, como si fuese la primera vez, con curiosidad.

Tenemos creencias arraigadas del tipo “no digiero bien la leche”, “no me gustan las alcachofas”, “la sopa no llena y es aburrida”, “los cocidos engordan”…

El gusto va variando a lo largo de los años.

Es raro el niño al que le gusta el picante o el sabor de la cerveza.

Si no te gusta una comida, dale otra oportunidad.

Aquellas lentejas que probaste hace veinte años quizás estaban sosas o muy cocidas, o tenías un mal día…

Y también es posible que ahora tus gustos no sean los mismos que los de entonces, ¿qué pierdes por probar?

¿Te atreves con platos de otros países?

¿No sientes curiosidad por probar alimentos nuevos o cocinados de otra forma?

Quizás te sorprenda descubrir lo rico que puede estar el pescado crudo, o macerado en limón, lo suaves que saben las huevas de hormiga, o que la tortuga sabe a pollo, igual que las ancas de rana o el cocodrilo.

O que hay muchos tipos de picantes, y a lo mejor alguno no te desagrada.

O que el pimentón, el jengibre, el orégano o el tomillo pueden cambiar totalmente el sabor de una carne.

 

Innova en tu forma de comer. Puede ser divertido y muy enriquecedor :)

Y respecto a la forma de comer, ¿por qué no experimentar con palillos o directamente con las manos como en los restaurantes etíopes?

¿Y un restaurante donde la experiencia es comer a oscuras?

Comer conscientemente no es sólo disfrutar de los sabores, es también y fundamentalmente, conocer qué alimentos nos benefician y cuáles no.

Si somos lo que comemos y sólo tenemos un cuerpo, ¿cómo es posible que no tengamos en cuenta el combustible que le damos?

Deberíamos ir a la tienda como el que va a la farmacia, buscando alimentos de calidad, que nos nutran y que sepamos que nos sientan bien.

Comprar carne de animales que han comido pasto y se han movido, lo mismo respecto a las aves, pescado que no ha sido criado en granjas con pienso animal y antibiótico, fruta y verdura de la zona y de temporada, etc.

Evitar en lo posible los alimentos procesados con todos esos aditivos que nos generan adición y no nos aportan nada.

Probar a quitar el azúcar añadido, ser conscientes de cómo se siente nuestro cuerpo, de nuestras digestiones, dolores de cabeza, insomnio, estrés…

Muchos de los males de nuestra época están relacionados con nuestra forma de alimentarnos.

Si consumimos buena materia prima, la forma de elaborarla se simplifica: un pescado al horno, un chuletón a la plancha, unas verduras cocidas… y, aparte de en salud, ganaremos en placer.

Los refrescos no quitan la sed.

El vino y la cerveza, tampoco.

Bebe lo que quieras y disfrútalo, pero no busques excusas. Si quieres hidratarte, bebe agua.

Un sándwich prefabricado, un pescado que no sabe a nada y al que le añadimos salsas para que sepa a ajo, a queso o a tomate…

Es normal que comamos en modo automático si no nos llama la atención lo que tenemos en el plato.

 

¿Cuidas dónde comes lo que comes?

Olvídate de comer de pie, o directamente del tupper.

Dentro de tus posibilidades, siéntate en una mesa, lo mejor puesta posible y en el mejor entorno que puedas tener (que no suele ser ni delante del ordenador ni mirando la lavadora).

Ya que necesitas parar y comer, ¿por qué no disfrutas al máximo de ese momento?

Busca el mejor lugar en casa, siéntate y ponte cómoda.

Tardas lo mismo en poner encima de la mesa un plato feo que uno bonito.

Si puedes mirar por la ventana y observar el cielo, ¿por qué colocarte frente a la pared?

Y cuando comas, come.

No se acaba el mundo porque te olvides del teléfono diez minutos o porque la televisión esté apagada.

El informe que tienes que corregir para esta tarde, también puede esperar.

 

Te propongo algo más… Experimenta.

Prueba diferentes especias y haz elaboraciones sencillas.

Un pollo con romero y tomillo no tiene nada que ver con uno hecho con curry o con yogur.

Aprovecha e integra en tus platos del día a día esos alimentos que sabes que tienen propiedades especiales: antiinflamatorios como la cúrcuma, antioxidantes como el jengibre, antibióticos como el ajo y la cebolla, brócoli, aguacate, quinoa, etc.

Comer conscientemente es un placer que nuestro cuerpo y nuestra mente van a agradecer.

Disfruta de todo el proceso.

Trata de permanecer aquí y ahora mientras comes, siéntate bien en la mesa, huele, saborea, mastica despacio… te vas a sorprender.

Elimina alimentos prefabricados, industriales y de mala calidad.

Y añade fruta y vegetales.

Busca un equilibrio en todo lo que ingieres y come despacio, saboreando.

Sabemos que ese placer existe, pero no nos paramos a disfrutarlo.

Y no te vuelvas loca.

 

 

Las reglas están para saltárselas.

Prémiate con un pastel, una Coca-Cola, una hamburguesa de una cadena de comida rápida o chocolate…

Pero que sea un premio, una excepción.

Hazlo con conocimiento de causa, disfrutándolo, no sintiéndote culpable.

Sabiendo que no te alimenta, pero que te gusta, o que es tu opción hoy por falta de tiempo o por tus pocas ganas de tomar algo más sano.

Saboréalo despacio, no tiene sentido que lo devores a toda velocidad y sintiéndote culpable.

Ya que te premias, sé consciente de ello.

Cuidemos nuestro cuerpo. Es el único que nos va a acompañar toda la vida.

Si comes de forma consciente alimentos que sabes que te sientan bien y te gustan, buscando el equilibrio entre proteínas y vitaminas, evitando los alimentos que no te aportan nada, y permitiéndote caprichos de forma consciente y moderada, enseguida notarás una mejora en tu estado físico y, por supuesto, en tu estado de ánimo.

¿Lo pruebas y me cuentas? Te leo en los comentarios :)

*Te invito a leer mis publicaciones en 40yqué aquí.

Sobre Ingrid

Estudié psicología aunque trabajé en obras industriales durante muchos años. Mi vida profesional se adaptó a las circunstancias, aprendí, disfruté e hice catorce mudanzas con un marido y dos niñas pequeñas. Hace unos años me reciclé, soy feliz con mis pacientes y enseñando Mindfulness. Dirijo también unas tertulias literarias, he escrito dos libros de relatos cortos y tengo un blog. Escribir, leer, comer, viajar, disfrutar de mi familia y amigos, el deporte y trabajar como psicóloga son mis pasiones, todas, no podría quedarme con una sola.

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4 reflexiones en Mindfoodness (o cómo como y cómo me siento)

  1. Emma Responder 16 abril, 2017 at 11:09 pm

    Muy interesante. Y tienes mucha razón. Gracias.

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  2. maria Responder 17 abril, 2017 at 6:25 pm

    Debemos parar ser conscientes y disfrutar de cuidarnos y de nuestros caprichos, Thx ;)

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  3. MONICA Responder 25 abril, 2017 at 4:20 pm

    Buenas,,, muy buenas refrexiones…. Me ha encantado eso de “no digiero bien la leche”…. esa etapa también la he pasado yo!!!!

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  4. Ingrid
    Ingrid Responder 26 abril, 2017 at 10:07 am

    Muchas gracias a las tres. Pararse, reflexionar y actuar. Pasos útiles en cualquier circunstancia, más si lo que está en juego somos nosotras mismas.

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