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Las terribles consecuencias de continuar en tu trabajo estable (que vives y no quieres ver)

Por Raquel

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3 pilares fundamentales en tu vida están en peligro a causa de tu trabajo actual.

El estrés, la tensión y la impotencia que sientes cada día en tu trabajo, repercuten en 3 pilares fundamentales de tu vida sin darte apenas cuenta.

Quizás seas o no consciente, busques excusas o creas que todo es debido a mil factores más, pero déjame que te demuestre algo.

El Glaciar Perito Moreno es de una naturaleza y belleza increíble, como tú.

Fuerte, frío, vulnerable… pero hasta él se derrumbó y cayó.

Todo empezó con una mínima grieta.

Cada día se podía observar cómo perdía parte de su monumental presencia.

Hasta que al final no pudo más y se deshizo.

 

Tu fortaleza tiene grietas y está en peligro.

Sé que eres fuerte, constante y tienes muchas razones para seguir tal y como estás.

Tú aún te mantienes en pie (intentando buscar el equilibrio).

Pero hay días en los que es muy difícil encontrarlo.

Hay situaciones que te superan.

Grietas emocionales que te hacen mucho daño.

Pedacitos de ti que has ido perdiendo.

Y tiempo que no tienes para los que más quieres.

Si todo dependiera de ti, sola, crees que sería más llevadero, pero estás rodeada de gente que ve tus temores, tu miedo, tu ofuscación y tu malhumor, aunque a veces no digan nada.

Tu pareja, tus hijos, e incluso, tu salud tienen mucho que decir.

Seguro que tu cuerpo te ha dado más de un aviso de que no puedes seguir así.

Más de una discusión entre tu pareja y tú ha tenido como tema principal tu actitud ante tu trabajo.

Y los más peques de la família saben que echas de menos pasar más tiempo con ellos. Y te lo piden.

Lo hacen por ayudar y por reclamar que ellos también te echan de menos, que quieren más de ti.

Pero lo que consiguen es más presión y culpabilidad.

 

Tu diagnóstico está claro: estrés infeliz de trabajo caduco

Descubre el diagnóstico de tu salud actual (física y emocional)

La presión y culpabilidad que sientes también se manifiesta.

  • ¿Te duele el cuello muy a menudo?
  • ¿Sufres alguna contractura permanente?
  • ¿Pierdes energía con facilidad?
  • ¿Estás cansada continuamente?
  • ¿Sientes opresión en la boca del estómago?

El diagnóstico es claro: sufres estrés infeliz de trabajo caduco.

Momentos de ansiedad que te superan en el día a día, y que te hacen saltar por los aires porque tienes una paciencia mínima.

Todo eso te está haciendo desaparecer poco a poco.

Si has respondido que sí a más de tres preguntas de arriba, ¡cuidado!

Tus síntomas son alertas y no les estás haciendo ni caso.

Intentas buscar un remedio inmediato que te permita seguir hacia delante.

El fisio es casi amigo íntimo tuyo.

Has probado y buscado soluciones en terapias alternativas.

Y te calma.

Pero aún no has llegado a la raíz de todos tus males: tu trabajo.

Tienes miedo, lo sé.

Te incomoda ponerte a pensar en la situación.

Pero cada pensamiento que tienes antes de acostarte pensando en el día que se avecina…

Cada pensamiento que se te pasa por la cabeza por las mañanas, y durante tus horas trabajando, están minando toda capacidad de creer en ti.

Te estás hundiendo en la apatía, la dejadez, la rabia…

Escucha a tu cuerpo, es quien te sostiene: ¿qué te esta diciendo?

Hay emociones que se enquistan y aparecen como nudos, opresión, enfados… no dejes que esto vaya a más.

A veces tu cuerpo necesita “obligarte” a parar en seco para hacerte reflexionar, ¿te ha pasado ya alguna vez?

 

No enseñes ni muestres a tus hijos y tu pareja algo que no soportas ni tú

Consecuencias irreversibles que estás sufriendo ya

Todo se transmite, se enseña y se expande.

Cuando cada día estás asqueada por tener que volver de nuevo a tu calabozo.

Tú no te ves, pero haces esto:

Tu mente va a mil por hora, llena de pensamientos negativos y abrumadores.

Algo que hace que no estés atenta a los pequeños detalles.

Tus hijos necesitan que les mires a los ojos.

Tu pareja necesita volver a ver tu sonrisa desmelenada.

Pero esto no ocurre.

La acumulación de todo: la casa, los niños, el trabajo… acentúan la desgana y la presión diaria.

Así que van todos a remolque.

Si te levantas con ganas de que el día acabe pronto, todo son prisas, chillidos, olvidos y regañinas.

Si la tristeza se despierta contigo junto a la apatía, todo cuesta, todo pesa y todo se hace con desgana.

Esto lo sabes y lo experimentas tú.

Pero y ellos, ¿cómo lo viven?

Observa.

Mientras tú te levantas sin fuerza o a toda mecha, tus hijos llevan su propio ritmo y no entienden nada.

Te siguen porque eres su referencia, pero van locos y a veces se rebotan y te lo ponen más difícil.

Incluso no te extrañe que a veces te imiten.

Ellos te observan al milímetro, eres su punto de partida, a quien admiran más que nadie.

¿Te gusta el ejemplo que les estás dando?

¿Qué les estás transmitiendo?

Igual crees que esfuerzo, aguante, tesón…

Pero ellos no entienden nada de eso. Ellos entienden de felicidad, de sonrisas y de vitalidad.

Además, también les afectan las discusiones que surgen en casa con tu pareja.

Es complicado sentirte como te sientes y no desahogarte en casa.

Siempre lo hacemos.

Un mal día no es un mal día hasta que cierras la puertas de tu hogar y te encuentras en territorio seguro para dejar de fingir que no te afecta, que no te importa.

Y tu pareja sabe mucho de eso, incluso tú puedes vivirlo a la inversa.

Te comprende, intenta animarte, incluso apoyarte a buscar una solución.

Pero a veces tu pareja también tiene días de no poder más, de sentirse perdido contigo por no saber qué hacer, y de sentirse parte del problema.

Un tono de voz más alto, un “no me apetece hablar“, no escuchar porque estás saturada mentalmente con tu tortura…

Parecen simples trámites de la cotidianidad de una pareja, pero son pequeñas grietas que van minando en tu relación.

En esta vida no estás para aguantar. Estás para luchar por lo que quieres.

Puedes olvidarte de tus dolores, del malestar y de pasar más tiempo de consulta en consulta.

Puedes disfrutar de tus hijos y darles la mejor enseñanza que se les puede dar: ser coherentes con uno mismo y buscar su felicidad, sin importarle los demás.

Puedes mantener vivo e impoluto el amor sin heridas para tener una relación larga y satisfactoria.

Puedes volver a ser tú misma.

Párate, piensa y decide.

No hay nadie que pueda decidir por ti.

 

Sobre Raquel

Dicen que expresa con la mirada más que con las palabras y que su sonrisa es una de sus armas de desmarque, pero lo que más le gusta es que esa sonrisa se convierta en risa. Desde que descubrió el coaching tiene claro que este es su camino y no ha dejado de luchar. Ha vivido un proceso hasta llegar donde está y quiere ayudarte a que tú también lo consigas. Cada día tiene la oportunidad de conocer y ayudar a mujeres reales como tú. Puede inspirarte, guiarte y ayudarte para que disfrutes de tu vida de forma real y auténtica. Para ella es emocionante retarse para que vivas, sientas y ames intensamente. Todo lo que hay en tu vida comienza y acaba en ti…

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