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Un solo paso te separa de tu éxito vital y profesional, y es este

Por Raquel

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Dicen que las mujeres inteligentes, decididas e inquietas tienen alrededor de unos 40 años.

Y los cálculos no fallan.

Han vivido lo suficiente para tener una madurez excelente.

Han reordenado sus prioridades a su antojo y necesidad.

Son demasiado adultas para perder el tiempo.

Tienen una experiencia que les avala.

Poseen un prestigio ya gestionado.

Y una personalidad con la que ya no les interesa qué puedan decir de ellas los demás.

Aunque su peor enemigo son ellas mismas.

Se exigen, se quieren redescubrir, se quieren moldear y se quieren reinventar.

Quieren robarle tiempo al tiempo. Volver un paso atrás para clavar el tacón en el punto exacto donde quieren estar.

O donde ven que otras están y quieren llegar.

Los 40 pueden traen consigo cierta libertad, cierto desapego y cierta seguridad al saber con certeza qué quieres y qué no quieres.

Es como cuando decides que no quieres tener una relación de pareja para cuidar a alguien, sino que quieres que alguien cuide de ti y tú de él.

El mismo caso.

A nivel profesional o laboral, estás en ese momento en el que tú quieres decidir sobre tu vida, tu tiempo, tu ocio y tu éxito.

Quieres ser tu propia jefa, o quieres hacerte valer.

Ya basta de haber dado todo de ti y no recibir ningún refuerzo positivo.

A veces te encuentras con la necesidad de crear, innovar, experimentar.

Lo haces con tu poco tiempo de ocio, con las amigas, con los planes, con lo que ves en TV e incluso con lo que ves o faroleas en las redes sociales.

Tienes determinación, poder y seguridad.

Aunque a veces también tienes ciertas inseguridades, miedos y soledad.

 

Lo que opinen los demás, está de más (como decía Mecano).

No todo el mundo a tu alrededor te entiende.

Creen que tu insistencia en encontrar tu talento o explorar tus pasiones no pegan con el momento.

Creen que conectar con tu niña interior que te permita divertirte, gustar y darte libertad es un poco osado.

Incluso creen que el simple hecho de que te plantees cómo podría cambiar tu vida si te reinventaras es una verdadera locura.

Y todo lo que te transmiten al final te afecta.

Ves que quieres mejorar.

Ves que necesitas un cambio.

Y ves que otras mujeres lo han hecho posible.

¿Por qué tú no?

Puedes autoconvencerte con mil razones de por qué no.

Pero dentro de ti tienen más fuerza las que apuestan por intentar.

Intentar un cambio.

Intentar un paso.

Sólo un paso.

Darte esa oportunidad de apostar por ti sería un gran logro.

Para volver a ilusionarte con tu vida.

Para romper con la monotonía.

El tiempo pasa y cada año tienes la sensación de que avanza más deprisa.

Y no quieres que se te pase la vida.

Quieres aprovecharla.

Eres de esas mujeres activas a las que les gusta conocerse cada vez más, trabajar en ellas mismas y tener las cosas cada vez más claras.

Sí, las mil razones que tienes para autoconvencerte de que no puedes ser como las mujeres de éxito que sigues en Instagram son muchas.

Pero no todas son tuyas.

Muchas son miedos de los demás que olvidas que no son tuyos.

Tú puedes tener los tuyos, pero no los de todos.

La seguridad, el miedo y el fracaso que afecte a terceros son algunas de las razones más potentes.

La seguridad que tienes y que “no puedes” perder.

Porque si pierdes la seguridad que tienes ahora… ¿qué pierdes?

Vale, tienes tu lista muy bien aprendida.

Pero, ¿alguna vez te has planteado qué ganarías al crear una seguridad con tu seguridad?

 

Historias reales de mujeres reales. La inspiración que, tal vez, necesitas.

Trabajando con mujeres me encuentro en muchas ocasiones con que tienen un buen trabajo que les gusta, pero ya no le emotiva como antes.

Ellas están bien, pero la situación, el jefe o las circunstancias han cambiado.

Y sienten que en cualquier momento puede pasar algo.

Entonces quieren potenciar todo lo que saben hacer dentro o fuera de su trabajo.

Quieren reconquistar el amor por su día a día y por ellas mismas. Porque se lo merecen.

Quieren tener una seguridad extra, aparte de la seguridad de un sueldo fijo.

Y muchas encuentran la manera de reformular todo lo que saben para “empaquetarlo” y transformar su vida.

Recuerdo a una mujer que tenía un puesto muy importante en un centro de investigación del cual no debo nombrar.

Era una persona muy bien considerada, con una reputación y un cargo importante.

Pero había tenido un problema personal con un jefe de alto cargo y no quería verse otra vez de nuevo en una tesitura de querer abandonar su puesto de trabajo y no tener salida.

Así que trabajamos para encontrar una salida. Y tenerla ahí, en el banquillo, por si la necesitaba.

Tenía miedo y no quería que su fracaso afectara a su familia, pero combatimos todo.

Resulta que sin haberse percatado estaba colaborando con una compañera en la universidad.

Daba algunos cursos muy especializados sobre temas que no se trataban habitualmente y que suscitaban mucha curiosidad.

Lo empezó a hacer como un favor, tenía todo lo que ella necesitaba en su día a día.

Y así, sin ser consciente de ello, su ilusión por preparar e impartir estos cursos le había servido en los momentos más difíciles para no odiar su trabajo.

Durante las sesiones ella misma se dio cuenta de cómo iba ordenando sus ideas y de cómo podía potenciar una salida docente como alternativa a su trabajo.

Ya lo estaba haciendo, era algo seguro sobre seguro, y encima le permitiría generar unos ingresos extra para concederse un nuevo capricho: siempre había querido aprender a volar y nunca se había atrevido a relacionarse con ese mundo.

Según sus propias palabras: “Tengo 42 años, puede vivir dos vidas como la que he vivido hasta ahora si me pongo las pilas, pero quiero hacerlo a mi manera

Lo mejor de esa frase no es lo que dice, sino cómo me lo dijo.

Parecía más joven que cuando la vi por primera vez, con más energía, más fuerza, más determinación, más vida y más alegría.

Transmitía una felicidad que era contagiosa.

Y su manera de decírselo al mundo era decidiendo ella misma su estilo de vida, en qué invertía su tiempo, su dinero, sus pensamientos, sus ideas…

Compartiendo sus miedos y sus éxitos con los suyos, y en este caso conmigo, la coach que le sirvió de ayuda.

 

Tu reinvención comienza con un pequeño paso, y es este.

Reinventarse no debe ser algo drástico.

Depende del momento en el que te encuentres puede ser un ahora o nunca, o un pasito a paso.

Puedes dar pequeños pasos, si los grandes te asustan y aún no estás convencida.

O a veces hay situaciones que te empujan y en las que hay mujeres valientes que apuestan por sus ideas y consiguen lo que tú ves.

¿Te gustaría apostar de forma segura para sentirte mejor en tu día a día, disfrutar de tu libertad y transformar tu vida profesional?

Con el Programa Coaching Kit para tu Reinvención, queremos mostrarte que podemos hacer pequeños grandes cambios en tu día a día que lleguen a transformar tu VIDA profesional.

Reformula tu propio estilo de vida y de trabajo, da pequeños grandes pasos hacia una vida mucho más plena y utiliza la seguridad de la que dispones ahora para reinventarte y conseguir tu libertad y tu felicidad.

Descubre cómo AQUÍ.

Sobre Raquel

Dicen que expresa con la mirada más que con las palabras y que su sonrisa es una de sus armas de desmarque, pero lo que más le gusta es que esa sonrisa se convierta en risa. Desde que descubrió el coaching tiene claro que este es su camino y no ha dejado de luchar. Ha vivido un proceso hasta llegar donde está y quiere ayudarte a que tú también lo consigas. Cada día tiene la oportunidad de conocer y ayudar a mujeres reales como tú. Puede inspirarte, guiarte y ayudarte para que disfrutes de tu vida de forma real y auténtica. Para ella es emocionante retarse para que vivas, sientas y ames intensamente. Todo lo que hay en tu vida comienza y acaba en ti…

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